Empezamos nuestro paseo del día en la estación de Shibuya. A la salida nos encontramos con la estatua de Hachiko, un noble perro que, a pesar de la muerte de su dueño, siguió yendo cada día a la estación de Shibuya a esperar que éste llegara. Allí tiene una estatua en recuerdo de su nobleza, que se ha convertido en el punto de encuentro de todos los jóvenes.
Al atravesar la calle nos encontramos con la imagen más emblemática de Tokio. Todos los semáforos de peatones cambian a verde a la vez, y una avalancha humana se dirige a cruzar la calle en cualquier dirección porque los pasos de cebra están pintados en todas direcciones, todas combinaciones entre las aceras son válidas. Aquí tienes que tener claro a donde vas o te arrastrará la marea hacia cualquier lugar, Es imposible resistirse a grabar un video en este lugar.
¿Y hacia donde va la gente? Hacia los mil centros comerciales que se agolpan en el barrio. Las grandes marcas pugnan por ocupar el máximo número de edificios en las manzanas del distrito de Shibuya. Esto lleva a que tengan varios edificios en la misma calle, todos ofreciendo los mismos productos y todos repletos de gente. Música atronadora, dependientes de cabello rubio de lo más moderno, ropa colorida (algo muy atípico ya que predomina el gris en la vestimenta), escaleras mecánicas que te pasean hasta la última planta, todos cuentan con estas características. Ya sólo hay que elegir un edificio y entrar: 109, Parco, Seibu, Tokiu...
Subimos por Dogen-zaka hacia Maruyamacho, las tiendas nos dejan y buscamos un nuevo reclamo, los Love Hotels. Son hoteles del amor, donde las habitaciones se alquilan por horas. En la sociedad japonesa la fuerte represión obligó a que surgieran estos locales donde los jóvenes pueden encontrarse sin miedo a ser vistos. En su origen eran lugares algo ocultos para preservar la intimidad de sus clientes, aunque también hay muchos hoteles temáticos que recrean ambientes divertidos, grandes ciudades, misiones espaciales, cualquier cosa que ayude a la imaginación. A la entrada una pantalla muestra las habitaciones disponibles y aquellas ocupadas en ese momento.
Pasamos al barrio de Shoto, una zona elegante a la espalda de Shibuya. Shoto tiene bonitas casas, es una zona residencial de calles estrechas y poco movimiento. Choca la abismal diferencia con Hands-dori, a dos calles. En el paseo por este barrio una gran sorpresa nos espera: el Kanza-Noh Gakudo, un centro cultural que representa teatro Noh. El teatro Noh es la forma más antigua de representación escénica que se sigue practicando en la actualidad. Asistimos a una obra de aficionados para divulgación del Noh, no se trata de una pieza completa. En ésta, un grupo de músicos de instrumentos tradicionales, taikos (tambores) y algún instrumento de viento, tocan una sencilla música y lo combinan con un repetitivo sonido. Otro coro, siempre de hombres, cantan con voz grave haciendo un acompañamiento de fondo. En el centro de la escena una mujer se mueve suavemente, femeninamente con la música, canta y mueve su abanico o golpea con su bastón. Parece que la historia nos relata la vida de esta mujer, severa con el bastón, imponiendo orden y femenina en la intimidad de su hogar.
Dejamos el teatro que tanto nos ha sorprendido y volvemos a la bulla de las calles. Después de comer algo para coger fuerzas, volvemos a la lucha de los centros comerciales, intentamos encontrar alguna prenda con sello tokiota como recuerdo. Finalmente desistimos y huimos del barrio.
Camino al Yoyogi park pasamos por el estadio nacional Yoyogi, creado para los juegos olímpicos de 1964. Es un edificio moderno para la época con forma curiosa.
En el puente a la entrada del parque un grupo de cinco hombres representan una graciosa coreografía estilo al más puro estilo de rock americano de los años 60. Bailan y disfrutan con el público espontaneo que se arremolina a su alrededor. En este lugar se pueden ver los domingos a grandes imitadores de las estrellas más conocidas.
El parque Yoyogi es frondoso, sus árboles pueden medir 25 metros. Cuando el paseo te lleva hasta una zona de bosque cerrado parece hacerse de noche. Caminar por él después del ajetreo de las tiendas es muy relajante, revitalizador. Pero el mayor atractivo del lugar es un templo dedicado al emperador Meiji, el Meiji-jingu. Este lugar es muy visitado por fieles y creyentes durante fiestas importantes. El patio es enorme y el propio templo que se entrevé muestra una gran majestuosidad. Varias ceremonias tienen lugar allí: una boda y una ofrenda de muñecas al templo como agradecimiento por el servicio prestado a los niños.
Cargadas las pilas dejamos el parque dispuestos a la lucha, nos dirigimos a Takeshita Dori. Esta calle es el auténtico lugar de las nuevas corrientes, las mezclas más impensables se han consumado allí: calentadores de conejito, cabellos de color rosa, rojo, azul, combinaciones imposibles, todo lo más extremo está allí.
Salimos de la zona, hemos cumplido con la moda, nos disponemos a dar un agradable paseo por calles más tranquilas cerca de Meiji Dori.
Para acabar la visita a Tokio, vamos a dar un vistazo a la ciudad desde arriba. Aquí es sencillo divisar la urbe desde el cielo, desde alguno de sus enormes rascalielos. Nos dirigimos a Shinjuku, a la Oficina Gubernamental Metropolina, un moderno edificio con un mirador en su planta 45. La vista de un mar de lunes bajo nosotros es sorprendente. Ésta se extiende hasta bien lejos, llegamos a ver lugares característicos, edificios conocidos en todas direcciones. Damos varias vueltas a la planta y ya cuesta reconocer en qué dirección miramos.
Nos hemos aficionado a comer en la zona de las estaciones. En Shijuku un lugar característico es el callejón de los recuerdos, o, cómo se le llama comúnmente, callejón de los meados. La calle cuenta con locales a los lados, algunos de no más de dos metros de ancho. Aquí se come una especie de callos, teriyaki, tofu, pulpo, platos típicos del lugar..
Antes de dejar la ciudad, paseamos por la zona de Kabuki-cho, Este barrio es uno de los de peor fama de la ciudad, con negocios de los más bajos fondos. Al menos eso dicen las guías, aunque la verdad, las calles están a rebosar de gente, luminosos anuncian locales de todo tipo y señores enchaquetados ofrecen servicios de los que no entendemos nada. Todo muy light para nosotros que venimos de Málaga.