Hoy nos espera
un día muy espiritual y místico. Vamos a recorrer los templos
budistas y shintoístas de la zona norte de Kioto. Si en esta ciudad
destacan sus templos, los que veremos hoy son algunos de los más
conocidos.
El plan es
llegar antes que los miles de turistas que piensan hacer la misma
ruta que nosotros. Para ello tenemos que coger el bus a las 7 y media
en la estación. El nº 26 nos pasea por toda la ciudad, la
atravesamos de sur a norte.
El primer destino es el templo Ninnaji.
Sólo pensamos visitar el exterior, aunque creemos que llegando tan
pronto nos hemos colado sin darnos cuenta.
Hay una especie de
ceremonia de chavales, incluso hay cámaras grabando el acto,
pero no conseguimos entender nada. El templo es enorme, se forma
por muchos edificios, altares, capillas, campanarios, puertas de
acceso o templos menores, a los lados del camino de acceso al templo
mayor.
Cada edificio llama la atención por tener su propio estilo.
La tranquilidad de lugar también.
De camino al
siguiente punto de la ruta, una amable señora nos indica que nos
acerquemos y allí encontramos un bonito y pequeño templo con cinco
figuras mayores de Buda. Es una agradable sorpresa descubrir lugares
así.
El templo
Ryoanji pertenece a la rama zen y es mundialmente conocido por su
jardín de piedra. Es sobrecogedor pasar de la explosión de vida de
sus jardín japonés a la aridez de la piedra. Podría parecer a
priori que el contraste que produce es chocante, sin embargo estar
entre dos formas de expresión de la naturaleza nos hace ponernos
filosóficos. Probablemente ése era el efecto que se buscaba en los
monjes del templo.
El último que
visitaremos en el noroeste de la ciudad es el Kinkakuji, el conocido
como templo dorado. Aquí nos vemos rodeados por cientos de colegios
y el lugar pierde parte de su encanto. A pesar de ello la belleza del
sitio es incuestionable, el pabellón reluce con el sol, se refleja
en el lago. Los colores nuevamente son tan vivos que no paramos de
asombrarnos con la belleza de los sitios.
En el autobús
nos desplazamos rápidamente hacia el noreste, haciendo por el camino
una pequeña parada para comer algo y coger fuerzas.
El siguiente
templo en la ruta es el “hermano menor” del anterior, el
Ginkakuji, que quiere decir templo plateado. Éste no pudo ser
revestido de plata como se pretendía, por ello no destaca tanto como
el anterior. Sin embargo su jardín es pequeño pero de mucha belleza
y armonía.
Paseamos hacia
el sur por el que llaman Camino del filósofo, ya que era recorrido
habitualmente por Kitaro Nishida, uno de los grandes pensadores de la
“escuela de Kioto”. El paseo es muy agradable, las tiendas de
turistas desaparecen y el camino discurre junto a un canal, en el que
se escucha el sonido del agua corriendo. Nos acercamos a ver
diferentes templos menores, algunos muy acogedores.
Llegamos a
Eikan-ji, un importante lugar para los seguidores de esta rama del
budismo, pero muy poco nombrado en las guías. El templo nos
maravilla por su belleza, pabellones, jardines, y la espiritualidad
que no hemos encontrados en otros templos masificados.
Aquí los monjes están cantando sus mantras frente a un gran Buda. Otra imagen nos llama la atención por su originalidad: un Buda tiene el cuerpo girado y mira hacia atrás. La leyenda cuenta que Buda tomó vida ante su discípulo Eikan y al quedar este paralizado, Buda se volvió hacia él y le pidió que le acompañara. Más creible es la interpretación de que con esta postura Buda mira al pueblo, no les olvida, quiere que lleguen como él a la salvación.
Aquí los monjes están cantando sus mantras frente a un gran Buda. Otra imagen nos llama la atención por su originalidad: un Buda tiene el cuerpo girado y mira hacia atrás. La leyenda cuenta que Buda tomó vida ante su discípulo Eikan y al quedar este paralizado, Buda se volvió hacia él y le pidió que le acompañara. Más creible es la interpretación de que con esta postura Buda mira al pueblo, no les olvida, quiere que lleguen como él a la salvación.
Se hace tarde
para visitar más templos, así que aprovechamos para pasear, ver la
gran puerta de Chion-in, el pequeño altar en la montaña Oku-no-in,
recorrer el camino de templos que nos lleva hasta el parque Maruyama
y disfrutar el bonito templo Yasaka, en el corazón de la ciudad, de
un reluciente naranja.