Decadente y bulliciosa, colorida y
animada. Osaka es todo eso y más. Desde el contaminadísimo río
Yodo, que casi se podría cruzar caminando, pasando por la
modernísima Torre de Osaka ("Rozando el Cielo") de 1912,
hasta el moderno barrio de rascacielos de Umeda, Osaka nos ha
sorprendido una y otra vez.
Comenzamos el viaje temprano y muy
cansados tras las palizas de los últimos días. Elegimos el barrio
de Tennoji, al sur, y nos llevamos una agradable sorpresa al
descubrir en uno de los templos de nuestra ruta un mercadillo de
domingo con multitud de puestecillos y animación.
El templo está
lleno de vida, fieles que recorren sus templos y altares, y el
mercado reúne a personajes de todo tipo.
Descubrimos que las ramas
de pino se usan para honrar a los ancestros y charlamos con una
vendedora de kimonos, a la que por cierto compramos dos.
Otro templo más espera en nuestra
ruta. Grises budas hechos de las cenizas de cientos de miles de
personas son adorados allí por una multitud siempre cambiante.
Lurdes y yo nos asomamos y pronto entramos en una cola para rendir
los respetos a tres de ellos, los tres últimos de las tres últimas
décadas. Cada buda contiene aproximadamente las cenizas de 150000
personas; las familias dejan ofrendas y ofrecen oraciones a las
estatuas, que representan la vuelta de los difuntos al mundo de los
vivos para guiarles a través de la figura de Buda.
Así pasamos una buena mañana pero no
termina ahí. Antes de salir de este barrio, pasamos por la Torre de
Osaka, viejuna y rodeada por unas calles coloridas y sonoras donde se
agolpan pachinkos y restaurantes baratísimos, aderezados con figuras
del hercúleo (y más viejo que Mazinger-Z) héroe de manga local. Un
show. Volvemos al tren pasando por locales abandonados junto a otros
llenos hasta la bandera, con comida por las calles, gatos, voceadores
y ciclistas.
Nuestra siguiente parada es Namba, el centro social de Osaka. Junto a la estación nos saludan, de entrada, variados Love Hotels. Un buen comienzo.
A continuación el caos; pasajes comerciales hipertransitados nos empujan hacia Dotombori, el distrito de comida junto al río Yodo.
Este río, según cuenta la guía, está 5000 veces más contaminado que la cantidad mínima recomendable.
Tras la comida recorremos Amerika-mura.
Este barrio fue centro de la vida estadounidense durante la ocupación
y centro de adoración urbana por toda la cultura que trajeron
consigo, es decir; compras, compras, compras. Himnos raperos y
tiendas de ropa con los últimos modelos, paseados en vivo por
maniquíes que disfrutan de ser vistos y admirados. Lurdes se compra
una camiseta. No hay nada de mi talla.
Pero ¡no se vayan todavía! Después
del vistazo al mundo joven, volvemos al mundo antiguo sin sorbete de
limón entre medias. El castillo de Osaka, reconstruído pero aún
bello, nos deja una buena vista al atardecer.
Desde allí emprendemos el último trayecto del día; el mirador celeste de los rascacielos del barrio de Umeda, en el Norte. Otra vista impactante, desde mi punto de vista aún más que la de Tokyo.
Un día bien, bien aprovechado.
Desde allí emprendemos el último trayecto del día; el mirador celeste de los rascacielos del barrio de Umeda, en el Norte. Otra vista impactante, desde mi punto de vista aún más que la de Tokyo.
Un día bien, bien aprovechado.