domingo, 21 de octubre de 2012

OSAKA, CIUDAD DECADENTE


Decadente y bulliciosa, colorida y animada. Osaka es todo eso y más. Desde el contaminadísimo río Yodo, que casi se podría cruzar caminando, pasando por la modernísima Torre de Osaka ("Rozando el Cielo") de 1912, hasta el moderno barrio de rascacielos de Umeda, Osaka nos ha sorprendido una y otra vez.

Comenzamos el viaje temprano y muy cansados tras las palizas de los últimos días. Elegimos el barrio de Tennoji, al sur, y nos llevamos una agradable sorpresa al descubrir en uno de los templos de nuestra ruta un mercadillo de domingo con multitud de puestecillos y animación.


El templo está lleno de vida, fieles que recorren sus templos y altares, y el mercado reúne a personajes de todo tipo. 



Descubrimos que las ramas de pino se usan para honrar a los ancestros y charlamos con una vendedora de kimonos, a la que por cierto compramos dos.


Otro templo más espera en nuestra ruta. Grises budas hechos de las cenizas de cientos de miles de personas son adorados allí por una multitud siempre cambiante. Lurdes y yo nos asomamos y pronto entramos en una cola para rendir los respetos a tres de ellos, los tres últimos de las tres últimas décadas. Cada buda contiene aproximadamente las cenizas de 150000 personas; las familias dejan ofrendas y ofrecen oraciones a las estatuas, que representan la vuelta de los difuntos al mundo de los vivos para guiarles a través de la figura de Buda.



Así pasamos una buena mañana pero no termina ahí. Antes de salir de este barrio, pasamos por la Torre de Osaka, viejuna y rodeada por unas calles coloridas y sonoras donde se agolpan pachinkos y restaurantes baratísimos, aderezados con figuras del hercúleo (y más viejo que Mazinger-Z) héroe de manga local. Un show. Volvemos al tren pasando por locales abandonados junto a otros llenos hasta la bandera, con comida por las calles, gatos, voceadores y ciclistas.




Nuestra siguiente parada es Namba, el centro social de Osaka. Junto a la estación nos saludan, de entrada, variados Love Hotels. Un buen comienzo.

A continuación el caos; pasajes comerciales hipertransitados nos empujan hacia Dotombori, el distrito de comida junto al río Yodo.
 Este río, según cuenta la guía, está 5000 veces más contaminado que la cantidad mínima recomendable.


Sano, sano. En Dotombori, sin embargo, nada de eso importa, y enormes muñecos de mil colores reclaman la atención culinaria de los boquiabiertos viandantes. Pasamos de largo por cangrejos móviles, peces globo, pulpos, dragones (?), pollos y otros más hasta que elegimos uno de okonomiyake,variedad famosa en Osaka.






Tras la comida recorremos Amerika-mura. Este barrio fue centro de la vida estadounidense durante la ocupación y centro de adoración urbana por toda la cultura que trajeron consigo, es decir; compras, compras, compras. Himnos raperos y tiendas de ropa con los últimos modelos, paseados en vivo por maniquíes que disfrutan de ser vistos y admirados. Lurdes se compra una camiseta. No hay nada de mi talla.




Pero ¡no se vayan todavía! Después del vistazo al mundo joven, volvemos al mundo antiguo sin sorbete de limón entre medias. El castillo de Osaka, reconstruído pero aún bello, nos deja una buena vista al atardecer.

Desde allí emprendemos el último trayecto del día; el mirador celeste de los rascacielos del barrio de Umeda, en el Norte. Otra vista impactante, desde mi punto de vista aún más que la de Tokyo.




Un día bien, bien aprovechado.




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