Es sábado en Kyoto y para evitar las aglomeraciones en el fin de semana decidimos pasar el día en la zona Este, en Arashiyama. Este pueblecito de pescadores, ya casi un barrio de Kyoto, es también un destino habitual para los habitantes de la ciudad. El río que corre amplio entre las montañas es relajante y muchos dedican una mañana a recorrerlo en pequeños cruceros aguas arriba y aguas abajo.
Nosotros llegamos en tren y lo primero que vemos es el templo Tenryu, otro más, patrimonio de la Unesco. Merecidamente, pues sus jardines son otra obra de arte de musgo, reflejos y rocas que evocan, a su vez, otros paisajes y otros tiempos. Dedicamos un buen rato a perdernos por sus caminos.
A sus espaldas, un bosque de bambues nos ofrece otra estampa bellísima de Japón. Metros y metros de troncos alargados y luminosos se elevan hacia las alturas, creando un cielo verde muy distinto del que estamos habituados.
En uno de sus laterales, un pequeño altar dedicado a la deidad guardiana del zorro acoge una boda. De nuevo naturaleza, espiritualidad y civilización coinciden en un terreno común.
Para el mediodía los autobuses ya han desalojado todo su cargamento de turistas y nos cuesta encontrar un lugar decente para almorzar. No perdemos mucho tiempo y volvemos a la carga, bordeando el río por el interior y visitando otros templos por el camino.
El último de nuestra ruta es especialmente curioso; ocho mil estatuas de piedra representando a las personas pobres y olvidadas campan a sus anchas por el recinto alrededor de un Buda central, como si desde el más allá siguieran escuchando sus enseñanzas y buscando el camino hacia el paraíso.
A la vuelta aún es relativamente temprano así que cuando llegamos a Kyoto volvemos a salir al centro, a las cercanías del santuario Yasaka, que nos encanta. El templo Kodaji, espectacular santuario dedicado a uno de los unificadores de Japón, Totoyomi Hideyoshi, abre hoy por la noche. Iluminado con esmero y buen gusto, su belleza nos cautiva y nos atrapa, junto al reflejo de su estanque con sus árboles, templos y pabellones.
Volvemos a la ciudad exhaustos y por una vez, no acertamos con la comida. La soja fermentada no es apta para los paladares occidentales...